Portilla de la Garganta

Portilla de la Garganta
Ese pedrusco de la izquierda es el Fraile

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viernes, 30 de julio de 2010

El Santo Cristo de Serradilla




Al Cristo de la Victoria
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Fui  a Serradilla anteayer
y vi al milagroso Cristo...
y en toda mí vida he visto
nada más digno de ver.

Su amparo y su protección
( porque bien los necesito)
le pedí al Cristo bendito
de aquella hermosa región.

Pedí salud y alegría
para mí y para los míos.
Apoyo en mis extravíos,
valor en mi cobardía,

consuelo en la desazón ,
y alivio de mí tristeza ...
y que piense la cabeza
mientras late el corazón.

Perdón para mis pecados
 le pedi al Cristo también ,
sirviéndome de sostén
en mis ratos desgraciados ...

y cuando alce la rodilla
después de orar un instante...
¡¡¡ ví el perdón en el semblante
del Cristo de Serradilla !

Autor:
Miguel Jiménez Aguirre
Cáceres, 23 de Agosto de 1924


(Un peregrino que visitó al Cristo de la Victoria hace 86 Años y dejo reflejado en un bello poema lo que su pecho sintió al ver la impresionante talla) .



Amigos, me voy hasta Septiembre. Intentaré pasar de vez en cuando a visitaros y dejaros algún comentario. Un abrazo y que sepais que os echaré de menos.

Juan Francisco

sábado, 3 de julio de 2010

¡Si!

Contestación de Teodoro Guerrero.











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(A Ricardo Sepúlveda)







Tus lindos versos leí
y contesto sin retraso;
tú me preguntas: ¿Me caso?
Y yo te respondo: ¡Sí!
Si de una mujer amante
te llegas a enamorar,
Ricardo, no hay que dudar:
debes casarte al instante.
¿A lord Byron, que era un loco,
citas contra el casamiento?
Yo no te quiero engañar
con mentirosos consejos;
ven a verme: son reflejos
de la dicha de mí hogar.
Yo por el mundo corrí;
más después que me casé,
en mí casa me encerré
y al mundo ya no volví.
Y eso, Ricardo, le pasa
al que tiene esposa buena:
¿Quién busca mujer ajena
teniendo un tesoro en casa?
Confiesas tú ceguedad
porque no alcanzas a ver
“donde se halla la mujer
que da la felicidad”.
En el mundo, no lo dudes,
hay mujeres infinitas
amantes, bellas, benditas,
que cultivan las virtudes.
Mas no le elijas coqueta,
ni interesada, ni altiva;
busca una mujer que viva
como vive la violeta.
No lleves mujer al templo
de educación descuidada,
que no esté bien preparada
por su madre, en el ejempl.
No puede ser buena esposa
ni hacer feliz al marido,
la mujer que no ha tenido
madre honesta y hacendosa.
Para encontrarla, te basta
en cuenta siempre tener
mí sentencia: La mujer
como el melón: por la casta.
¡Ay del que el consejo olvida!…
Si así quieres obtenerla,
la hallarás como la perla
entre la concha escondida.
¿Sabes que el lazo sagrado
que funde a dos en un ser,
del hombre y de la mujer
es el más perfecto estado?
¿Eso tu pluma escribió?
¿Qué más puedo yo decir?...
Nada tengo que añadir;
sabes tanto como yo.
Me revelas el deseo
que tienes de ser dichoso;
tú serás un buen esposo,
pues ya, casado te veo.
Quien piensa de esa manera
acredita que está amando,
o al menos, que está buscando
una dulce compañera.
Ya te contemplo embobado
la luna de miel pasar,
y con orgullo, llevar
del brazo a tú esposa al Prado.
Al verla en tú compañía,
tienen envidia al esposo,
y murmuras: “¡Soy dichoso!
¡porque esta mujer es mía!”
Pasa pronto un año y Dios,
que vela por tu fortuna,
un ángel pondrá en la cuna
que preparasteis los dos.
Aunque el te robe la calma,
besándole, en tú embeleso,
aprenderás que hay un beso
que es un suspiro del alma.
Sentirás nueva emoción
besando sus labios rojos,
y mirándote es sus ojos,
espejos del corazón.
Porque ese ángel, ese niño
que busca amparo en tus brazos,
estrecha tus fuertes lazos
y eterniza tú cariño.
Dirasme acaso, lo sé,
que habrá en tus gastos aumento;
más su amor te dará aliento
para trabajar con fe.
Invado el tiempo, y te miro
con tus chicuelos, que van
dando saltos a echar pan
a los patos del Retiro.
Sufrirás, como sufrí,
para hacerlos estudiar,
y tendrás que repasar
con ellos el quis vel qui.
Pero, en cambio, si algún día
alcanzan lauros de gloria,
gozando con su vistoria,
dirás: “¡Esa gloria es mía!”
Venturoso no has de ser
buscando falsos placeres
en el mundo y las mujeres.
Hé aquí todo: ¡tu mujer!
Esa mujer que te adora
se identifica contigo;
es tu amante y es tú amigo.
Después de muerto te llora.
Aprovecha la ocasión,
que es prudente mí consejo:
se llega muy pronto a viejo…
¡Ay del viejo solterón!
Yo, que digo la verdad,
te sirvo de testimonio
a favor del matrimonio:
¡Esa es la felicidad!
Esta es la respuesta de Teodoro Guerrero a la pregunta de su amigo Ricardo Sepúlveda...


                                                                     ¿Me caso?

jueves, 1 de julio de 2010

¿Me caso?


 
Como me hacía falta una hermosa novia, me he traido esta del blog de mí buena amiga Miuíka. Gracias amiga mía.



Un tal Ricardo Sepúlveda, pide consejo a su amigo Teodoro Guerrero sobre una cuestión muy delicada: El matrimonio. Vamos a leer estos poemas que se editaron en un libro escrito creo que por Teodoro Guerrero, puesto que no hay más nombre de autor que este, publicado en 1873 y titulado:
El Matrimonio.
(Pleito en verso).








¿Me caso?



(A Teodoro Guerrero)
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El matrimonio procede del amor como el vinagre del vino.
(Byron)





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Sobre un punto cuestionable
tengo hace tiempo una duda,
y es, por tanto, incuestionable
que vengas hoy en mí ayuda.
Estaré dado al demonio;
mas esta es mí duda amigo:
Quien propaga el matrimonio
¿merece premio, o castigo?
Tú lo ensalzas… elocuente;
la juventud se desmanda…
Si fuera tan excelente,
¿para qué la propaganda?...
he leído con afán
esos Cuentos de salón,
que publicándose están
con inmensa aceptación.
Aplaudo su estilo ameno;
son morales, entretienen;
pero lo que yo condeno
es la tendencia que tienen.
¿No merece… cualquier cosa
quien al célibe acomete?
Eso de tener esposa
¿no es como tener grillete?
Dijo un lord con gran talento
“Procede (y no es desatino)
del amor el casamiento
como el vinagre… del vino”.
Y siento, por consecuencia,
Que tu ingenio se consagre
a demostrar la excelencia
no del vino… del vinagre.
No te figures, Guerrero
que hablo por necia manía:
no señor; cantar espero
la palinodia algún día.
Pero ya vuelvo a tener
la eterna dificultad:
¿donde se halla la mujer
que da la felicidad?
Yo se que en dudas me abismo,
que me hacen perder la calma;
yo sé que el escepticismo
es siempre cáncer del alma.
Yo sé que fui reclutando
del matrimonio enemigos…
Y ahora… ¡se me van casando
casi todos mis amigos!...
Se que hay quien puede en la vida
gozar de dicha ignorada,
si al creer su fe perdida
halla la mujer soñada…
Pero… Ramón se ha casado,
y pasa la pena negra
con la mujer ¡que ha soñado!
dos primitos y una suegra.
Sé que hay consortes felices…
(hasta dos puedo citar)
mas sé también que hay deslices
imposibles de evitar.
Yo sé que el lazo sagrado
que funde a dos en un ser,
es el más perfecto estado
del hombre y de la mujer.
Y sin embargo, me aterra
esa unión; sigo soltero,
aunque tu me hagas la guerra
con el valor de un… GUERRERO.
Amigos tuve en Granada
(aún al pensarlo me asusto)
incapaces de hacer nada
que no fuera santo y justo.
Fama de probos lograron
y de profundo talento;
¡y no obstante, se casaron
sin tener remordimientos!
Mil ejemplos hay patentes
de bodas perjudiciales…
¡hay tantos inconvenientes
en esos saltos mortales!
Amantes muchas del oro,
dominantes, perezosas,
hasta infieles… ¡Ay, Teodoro!
¡no puedo con estas cosas!
Y es lo más grave del caso,
que no sirve conocerlas:
no hay, para dar un mal paso,
cosa mejor que escogerlas.
No tiene importancia alguna
la experiéncia en este punto,
pues cada mujer es una…
complicación del asunto.
Quizá la pasión me ciega
al no apuntar más que abrojos;
pero el que a casarse llega,
¿no es porque cierra los ojos?
En fin, si tú me convences
(con los datos que me faltan)
de que pienso mal; si vences
los temores que me asaltan,
si pruebas que en este suelo
hay mil parejas dichosas
que viven como en el cielo,
así… una porción de cosas,
tal vez vea mis errores,
que abjuraré por fatales,
y seré de esos señores
que se casan muy formales.
Si errores voy abjurando
que al matrimonio se imputan,
ya te escribiré llorando:
¡Moritori te salutan!

En la próxima entrada os dejaré que leáis la respuesta de su amigo Guerrero. Es un libro muy bonito, en el que intervienen distintos personajes, grandes poetas de la época, unos aconsejando el matrimonio y otros desaconsejándolo. Espero que lo disfruteis.

sábado, 19 de junio de 2010

La Nacencia

Poema de Luís Chamizo



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La Nacencia
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Bruñó los recios nubarrones pardos
la lus del sol que s'agachó en un cerro,
y las artas cogollas de los árboles
d'un coló de naranjas se tiñeron.
A bocanás el aire nos traía
los ruidosd'allá lejos
y el toque d'oración de las campanas
de l'iglesia del pueblo.
Íbamos dambos, juntos en la burra,
por el camino nuevo,
mí mujé, mu malita,
suspirando y gimiendo.
Bandás de gorriatos montesinos
volaban, chirriando, por el cielo,
y volaban pal sol, qu'en los canchales
daba relumbres d'espejuelos.
Los grillosy las ranas
cantaban a lo lejos,
y cantaban tamién los colorines
sobre las jaras y los brezos;
y roändo, roändo, de la sierra,
llegaba el dolondón de los cencerros.
¡Que tarde más bonita! 
¡qu'anochecer más güeno!
¡que tarde más alegre
si juéramos contentos!...
-No pué ser más -me ijo-  vaite, vaite
con la burra pal pueblo,
y güervetedeprisa con l'agüela,
la comadre o el meico!
Y bajó de la burra poco a poco,
s'arrellanó en el suelo,
junto las manos y miró p'arriba,
pa los bruñíosnubarrones recios.
¡Dirme, dejagla sola...
dejagla yo a ella sola com'un perro,
en metá de la jesa,
a una legua del pueblo...
eso no! De la rama
d'arriba d'un guapero
con sus ojos reondos
me miraba un mochuelo;
un mochuelo con ojos vedriaos
como los ojos de los muertos...
¡No tengo juerzas pa dejagla sola...
pero yo de qué sirvo si me queo!
La burra que roía los tomillos
floridos el lindero
careaba las moscas con el rabo;
y dejaba el careo,
levantaba el jocico, me miraba
y seguía royendo.
¡Que pensará la burra,
si es que tienen las burras pensamientos!
Me juí junt'a mí Juana,
me jinqué de roíllas en el suelo,
jice por recordá las oraciones
que m'enseñaron cuando nuevo.
No tenía pacencia
p'hacé memoria de los rezos...
¡Quien podrá socorregla si me voy!
¡quien va po la comadre si me queo!
Aturdio del tó gorví los ojos
pa los ojos reondos del mochuelo;
y aquellos ojos verdes,
tan grandes,tan abiertos,
qu'otras veces a mí me dieron risa,
ahora me daban mieo...
¡que miraran tan fijos
los ojos del mochuelo!
No cantaban las ranas.
Los grillos no cantaban a lo lejos.
Las bocanás del aire s'placaron.
S'asomaron la luna y el lucero.
No llegaba, rondó, de las sierras
el dolondón de los cencerros...
¡Daba tanta quietú mucha congoja!
¡Daba yo no se qué tanto silencio!
M'arrimé mas pa ella:
la abrasaba el aliento,
le temblaban llas manos,
tiritaba su cuerpo...
y a la lus de la lunaeran sus ojos
más grandes y más negros.
Yo sentí que los míos chorreban
lagrimones de fuego.
Uno cayó roändo,
y, prendío d'un pelo,
en metá de su frente
se queó reluciendo.
¡Que bonita y que güena:
quién pudiera ser méico!
Señó:Tu que lo sabes
lo mucho que la quiero,
Tu que sabes qu'estamos bién casaos,
Señó, tú qu'eres güeno,
Tú que jaces que broten las simientes
qu'echamos en el suelo,
Tu que jaces que granen las espigas
cuando llega su tiempo,
Tu que jaces que paran las ovejas,
sin comadres ní méicos...
¿por qué Señó, se va morí mí Juana
con lo que yo la quiero,
siendo yo tan honrao
y siendo Tú tan güeno?
¡Ay! qué noche más larga
de tanto sufrimiento:
¡que cosas pasarían
que deciglas no pueo!
Jizo Dios un milagro...
¡no podía por menos!
Toito lleno de tierra
le levanté del suelo;
le miré mu despacio...  mu despacio,
con una miaja de respeto.
Era un hijo... ¡mí hijo!
hijo de d'mbos,hijo nuestro.
Ella me lo pedía
con los brazos abiertos...
¡Que bonita qu'estaba
llorandi y sonriyendo!

Venía clareando.
s'oían a lo lejos
las risotás de los pastores
y el dolondón de los cencerros.
Besé a la madre y la quité a mí hijo;
salí con el corriendo,
 y en un regacho d'agua clara
le lavé to su cuerpo.
Me sentí más honrao,
más cristiano, más güeno,
bautizando a mí hijo como el cura
bautiza los muchachos en el pueblo.
Té que ser campusino.
Tié que ser de los nuestros,
que por algo nació baj'una encina
del caminito nuevo.
Icen que la nacencia es una cosa
que miran los señores en el pueblo:
pos pa mí, que mi hijo
la tié mejor que ellos,
que Dios jizo en presona con mí Juana
de comadre y de méico.
Asina que nació besó la tierra,
que agraecía se pegó a su cuerpo;
y jué la mesma luna
quién le pagó aquel beso...
¡que saben d'esas cosas
los señores aquellos!

Dos salimos del chozo,
tres golvimos al pueblo.
Jizo Dios un milagro en el camino...
¡no podía por menos!

Cada vez que lo leo se me pone la piel de gallina y se me empañan los ojos. Disfrutadlo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Canción

Hoy traigo a José  Maria Gabriel y Galán. Esta poesía es la última que escribio el autor, pocos días después de la muerte de su padre y pocos también antes de la suya propia.


Canción
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No piense nunca el lloroso
que este cantar dolorido
es un capricho tejido
por la musa de un dichoso.
No piense que es armonioso
juego de un estro liviano;
piense que yo no profano
ni con mentiras sonoras
las penas desgarradoras
del corazón de un hermano.

Una canción de dolores
me piden mis padeceres
tal como ayer mis quereres
pidieron cantos de amores;
que así como son mayores
si se cantan los contentos,
así los tristes acentos
de las trovas doloridas,
si no curan las heridas
amansan los sufrimientos.

Mis penas son tan vulgares
como esas espinas duras
que erizan las espesuras
de todos los espinares.
Más hondas son que los mares...
Más hondas y más sombrías
que un horizonte sin días,
pues no hay abismo tan hondo
como el abismo sin fondo
de unas entrañas vacías.

Dios me las hizo de fuego...
¿Por qué no les dió dureza
si quiso su fortaleza
probar golpe a golpe luego?
¿Por qué enriqueció con riego
de sementera de amores
huerto que sabe dar flores
si luego le manda días
de matadoras sequías
y vientos asoladores?

¡Ay! Al llegar a las puertas
de la tarde de mí vida,
voz de los cielos venida
me ha dicho: "¡Ya están abiertas!
¡Entra y sigue, y no conviertas
la mente a tiempos mejores,
que en vez de aquellos amores
de santidades pristinas,
verás las desiertas ruinas
del solar de tus mayores!"

"¡Mejor es cegar, Dios mío!
¡Mejor es ir paso a paso
cayendo hacia el propio ocaso
solo, con pena y con frío!
Mejor es ir al vacío
que a ruinas y sepulturas!
¡Mejores son las negruras
de la noche más sombría,
que las negruras del día
que son dos veces oscuras!"

Así, loco de dolor,
dije con vil vocecilla...
¡Esto que tengo de arcilla
fue quien lo dijo, Señor!
Por esto que es resplandor
de Tí, venido hasta mí,
cuando tu rayo sentí
bien sabes Tú que te dijo:
"¡Señor! ¡La frente del hijo
tienes rendida ante Tí!"

Con solo llorar mí suerte,
 con solo dejar abierta
de tal herida la puerta,
muriera de triste muerte.
Más, hijo yo del Dios fuerte
me he resignado a vivir,
y voy dejándome ir
sobre el polvo de la senda
caminando a media rienda
por el campo del sentir.

Porque si rindo la frente
sobre las manos crispadas,
si hacia las ruinas sagradas
dejo que vaya la mente,
si de mí llanto el torrente
dejo que anegue mí vida,
si abriese más esta herida
que en lumbre de fiebre arde,
viviera como un cobarde,
muriera como un suicida.


¡Quiero vivir! Las dulzuras
de los gozados placeres
con hieles de padeceres
se tornan del todo puras.
Visión de mís desventuras:
¡Yo no te cierro mis ojos!
Camino de los abrojos:
¡yo no me cubro las plantas!
Cruz que mis hombros quebrantas:
¡yo te acepto sin enojos!

¡Quiero vivir! Dios es vida.
¿No veis que en vida convierte
la ancianidad que en la muerte
cayó con dulce caída?
 ¿No soy yo vida nacida
de vida que a mí se dieran?
Pues vidas que en mí se unieran,
si vivo no han de morir,
¡por eso quiero vivir
porque mis huertos no mueran!

¡Y no morirán conmigo,
que el huerto de mís amores
está rebosando flores
que pinta Dios y yo abrigo!
¡Y atrás el cierzo enemigo
de esas mis viejas canciones,
pues son santos eslabones
de una cadena florida
para corona tejida
del Dios de las creaciones.

¡Quiero vivir! A Dios voy
y a Dios no se va muriendo,
se va al Oriente subiendo
por la breve noche de hoy.
De luz y de sombras soy
y quiero darme a las dos.
¡Quiero dejar de mí en pos
robusta y santa semilla
 de esto que tengo de arcilla,
de esto que tengo de Dios!

Este poema ha sido siempre uno de mís preferidos de todos los autores.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Mi chala.







Poema de Boris Elkín. Argentino. 

Mi chala
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No se si es cosa’e mandinga
o es un regalo del cielo;
algunos dicen qu’es malo,
pa mí se me hace qu’es güeno…
Ricién me dijo el dotor
qu’esta fatiga que tengo
es por culpa del tabaco
qu’está minándome el pecho,
¡y me ordenó que lo deje
si quiero salvar el cuero!
Pero dejar el tabaco,
áura que ya voy pa viejo
y no tengo en qué afirmarme
pa tironear los recuerdos…
¿Dejar el tabaco, dijo?
¡Si es cosa que ni la pienso!
Hacen años, muchos años,
yo trabajaba’e boyero,
cuando prendí el primer chala
pa quemar mí aburrimiento.
¡Que lindo se iban las horas,
qué pronto volaba el tiempo
y qué hombre me sentí
con el chala entre los dedos!
Cuando mi madre se jué
Sin tiempo pa darme un beso…
¡quién otro sino mí chala
me acompañó al sentimiento
y se quemó sin renuncios
con tal de darme consuelo!
Más tarde, cuando el amor
dentró a golpear mí pecho,
ese amor qu’es vida y muerte
qu’es triunfo y renunciamiento
y que nos mata de a poco
porque se vive muriéndo…
¡si habré domao impaciencias
pitando como un murciélago!
Y al fin, ¿pa qué? Pa que un día
barriera todo el Pampero…
Ella no tuvo reparos
en aventarme los sueños.
Cuando esa tarde me dijo
que no perdiera más tiempo
y supe que otro varón
se había ganao su aprecio…
¡menos mal que tuve un chala
que supo darme consejo
y m’entretuvo la mano
que andaba tanteando el fierro!
Dispués cambién de querencia;
me dijo: “Hacéte resero.
Nada hay mejor qu’el camino
pa quien no tiene un afecto”.
¡Las noches que habré pasao
tendido sobre el apero
sin más estrellas que el chala
parpadeando en el silencio!
Más tarde cuando la vida
m’enredó entre los puebleros
y entré a borroniar cuartillas
pa darle forma al recuerdo,
¡quién otro sino mí chala
me ayuda a escribir mis versos!
¡Dejarlo porque el dotor
me vino con ese cuento
de qu’el tabaco hace mal
y está minándome el pecho!
¡Deje no más que me mate!
¡Si por el estoy viviendo!



Las fotos son de la red. Imágenes nostálgicas.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Avelina Diéguez (Ámbar)


Hoy os traigo un poema de mí amiga Ámbar, del blog Pensamientos de color Ámbar.
Os recomiendo a aquellos que no la conozcais, que paseis a ver y leer sus poemas y sus cosas.
Os gustará.


Las fotos esta vez son mías


Volver la vista atrás
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Volver la vista atrás mirar los campos
Que allá dejo, de flores bien cubiertos
Reflejos de mi alma en los lagos
Semillas que he sembrado en otros tiempos
De lindo colorido han hecho un manto
Relucen las colinas y los montes
Con esa luz dorada que he dejado
Espero, así os alumbre en el camino
Retoños de mi entraña, vais marchando
Y siento que se escapan de mis manos
Aquellos dulces niños que ame tanto
Debo seguir andando en mi camino
Venir y retornar es mi destino
Tan solo pido un poco de este tiempo
Para descanso de mi alma y de mi cuerpo
Los años que se van me han dejado
Arrugas en el rostro, ojos cansados,
Los hombros encorvados de trabajo
De todo lo que dejo satisfecha
Tres luceros del alba centellean
Siguiendo por la senda que he trazado
Espero si tropiezan y se tuercen
Recuperen el ritmo y sigan andando
Con almas para ambos apoyarse
Y no sentirse solos ni frustrados
La vida es una selva traicionera
Si al acecho siempre yo estuviera
Y pudiera limpiar, sus pasos de malezas
Vería mis retoños bien erguidos
Continuar su camino en línea recta
Tan solo soy la madre compungida
Por no poderles dar, una mejor vida
Sin negros nubarrones ni tormentas
Que cubra el sol que alumbra sus mañanas
Verles corretear con entusiasmo
De energía y vigor llenos sus cuerpos
En sus ojos un brillo de alegría
Saber que están unidos, cada día
Es lo que como madre solo pido
Y que en su corazón, sientan mi latido.