Portilla de la Garganta

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Ese pedrusco de la izquierda es el Fraile

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lunes, 30 de agosto de 2010

Hermanos

Hola a todos cuantos me seguís. Ya estoy de vuelta y quiero empezar  el "nuevo curso" con un soneto de nuestro gran Dámaso Alonso. Espero lo disfrutéis.

La foto es de la red.



Hermanos
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Hermanos, los que estáis en lejanía
tras las aguas inmensas, los cercanos
de mí España natal, todos hermanos
porque habláis esta lengua que es la mía:

Yo digo "amor", yo digo "madre mía",
y atravesando mares, sierras, llanos,
-¡oh gozo!- con sonidos castellanos,
os llega un dulce efluvio de poesía.

Yo exclamo "amigo", y en el Nuevo Mundo,
"amigo" dice el eco, desde donde
cruza todo el Pacífico y aún suena.

Yo digo "Dios", y hay un clamor profundo;
y "Dios" en español, todo responde,
y "Dios", solo "Dios", "Dios", el mundo llena.



Dámaso Alonso nació en Madrid un tres de Octubre de 1898 y fallecio también en Madrid
 el 25 de Enero de 1990 

sábado, 3 de julio de 2010

¡Si!

Contestación de Teodoro Guerrero.











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(A Ricardo Sepúlveda)







Tus lindos versos leí
y contesto sin retraso;
tú me preguntas: ¿Me caso?
Y yo te respondo: ¡Sí!
Si de una mujer amante
te llegas a enamorar,
Ricardo, no hay que dudar:
debes casarte al instante.
¿A lord Byron, que era un loco,
citas contra el casamiento?
Yo no te quiero engañar
con mentirosos consejos;
ven a verme: son reflejos
de la dicha de mí hogar.
Yo por el mundo corrí;
más después que me casé,
en mí casa me encerré
y al mundo ya no volví.
Y eso, Ricardo, le pasa
al que tiene esposa buena:
¿Quién busca mujer ajena
teniendo un tesoro en casa?
Confiesas tú ceguedad
porque no alcanzas a ver
“donde se halla la mujer
que da la felicidad”.
En el mundo, no lo dudes,
hay mujeres infinitas
amantes, bellas, benditas,
que cultivan las virtudes.
Mas no le elijas coqueta,
ni interesada, ni altiva;
busca una mujer que viva
como vive la violeta.
No lleves mujer al templo
de educación descuidada,
que no esté bien preparada
por su madre, en el ejempl.
No puede ser buena esposa
ni hacer feliz al marido,
la mujer que no ha tenido
madre honesta y hacendosa.
Para encontrarla, te basta
en cuenta siempre tener
mí sentencia: La mujer
como el melón: por la casta.
¡Ay del que el consejo olvida!…
Si así quieres obtenerla,
la hallarás como la perla
entre la concha escondida.
¿Sabes que el lazo sagrado
que funde a dos en un ser,
del hombre y de la mujer
es el más perfecto estado?
¿Eso tu pluma escribió?
¿Qué más puedo yo decir?...
Nada tengo que añadir;
sabes tanto como yo.
Me revelas el deseo
que tienes de ser dichoso;
tú serás un buen esposo,
pues ya, casado te veo.
Quien piensa de esa manera
acredita que está amando,
o al menos, que está buscando
una dulce compañera.
Ya te contemplo embobado
la luna de miel pasar,
y con orgullo, llevar
del brazo a tú esposa al Prado.
Al verla en tú compañía,
tienen envidia al esposo,
y murmuras: “¡Soy dichoso!
¡porque esta mujer es mía!”
Pasa pronto un año y Dios,
que vela por tu fortuna,
un ángel pondrá en la cuna
que preparasteis los dos.
Aunque el te robe la calma,
besándole, en tú embeleso,
aprenderás que hay un beso
que es un suspiro del alma.
Sentirás nueva emoción
besando sus labios rojos,
y mirándote es sus ojos,
espejos del corazón.
Porque ese ángel, ese niño
que busca amparo en tus brazos,
estrecha tus fuertes lazos
y eterniza tú cariño.
Dirasme acaso, lo sé,
que habrá en tus gastos aumento;
más su amor te dará aliento
para trabajar con fe.
Invado el tiempo, y te miro
con tus chicuelos, que van
dando saltos a echar pan
a los patos del Retiro.
Sufrirás, como sufrí,
para hacerlos estudiar,
y tendrás que repasar
con ellos el quis vel qui.
Pero, en cambio, si algún día
alcanzan lauros de gloria,
gozando con su vistoria,
dirás: “¡Esa gloria es mía!”
Venturoso no has de ser
buscando falsos placeres
en el mundo y las mujeres.
Hé aquí todo: ¡tu mujer!
Esa mujer que te adora
se identifica contigo;
es tu amante y es tú amigo.
Después de muerto te llora.
Aprovecha la ocasión,
que es prudente mí consejo:
se llega muy pronto a viejo…
¡Ay del viejo solterón!
Yo, que digo la verdad,
te sirvo de testimonio
a favor del matrimonio:
¡Esa es la felicidad!
Esta es la respuesta de Teodoro Guerrero a la pregunta de su amigo Ricardo Sepúlveda...


                                                                     ¿Me caso?

viernes, 19 de marzo de 2010

El embargo

La foto la he bajado de internet. Si alguien tiene derechos sobre ella,
y me lo dice, la retiraré rapidamente.


El embargo
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Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tós esos;
no le dé a usté ansia,
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a aflijíla,
sos tumbo a la puerta... ¡pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dió tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está gediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja,
y esi cacho'e liendro...
¡Jerramientas, que no quéi ni una!
¿Ya, pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quió vel esi sacho,
ni esa jocis clavás en el techo,
ni esa segureja,
ni esi cacho'e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querio
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidao,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro meses vivo
y una noche muerto!...
¡Señol jues: que ninguno sea osao
de tacali a esa cama ni un pelo,
porque allí lo jinco
delanti usté mesmo!
Llevaisuslu todu.
Todu menus eso,
que esas mantas tienin
suól de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...




Hoy traigo el  poema de José Maria Gabriel y Galan titulado: El embargo.

Uno de los culpables de que a mí me guste tanto la poesía. Este y otros del mismo autor, unos en castellano otros como este en extremeño, se leían avidamente en mí casa y con bastante asiduidad en la escuela. Nos enseñaron a comprender su significado, a sentir como el personaje del poema podía sentir en cualquiera de ellos. Y así sigo, amig@s. Y espero seguir siempre igual.
Yo he visto hombres hechos y derechos como se solía decir en Extremadura, recitar este y otros poemas de una forma desgarrada, con los ojos derramando lágrimas por su cara mientras iban diciendo los versos de Gabriel y Galán. Si hay algún extremeño que me lea, sabe que esto que digo era cierto.
Recuerdo especialmente a un primo hermano mío, Jacinto Antón Bravo (ya fallecido) recitando como no se lo oí jamás a nadie, El embargo, El Cristu benditu, El ama... todo, porque se las sabía de memoria todas. Dios le tenga en su gloria.
A los que conocen el poema, solo un recordatorio. A los que no le conocen... leedle detenidamente.